martes, octubre 10, 2006

POEMA A UNA HISTORIA DESCONOCIDA

Luchito Díaz /
Viejo barredor de calles inmóviles.

I
Todavía tengo un poco de ti
Como para contar a mis hijos que un día te comiste a una puta
En medio de la plaza independencia.
Cuando tu sombra se volvía como ángeles perdiéndose
En el infierno.
Arañados por terribles golondrinas
Velando la soledad.
Encendido por el alcohol orinabas en los postes y
Tu terno azul olía a vómito.
Tu sombra aleteando como un zancudo cubría el hedor ronco
De tus cabellos.
Fuiste niño con tus desfigurados ochenta años /
Un puro adolescente
Que te enamoraste de una quinceañera y le hiciste feliz,
Fue tu último polvo
Entre los maizales del viejo Nery.
Fuiste tan pendejo como nadie hasta ahora lo ha sido
Escandalosamente pendejo.
(Te tomabas fotos con tus agujereadas chompas
y decías que habías estado en la guerra del 41)
Desafiabas a los jóvenes
Y la melancolía era más alta que tu sombra.

II
Los pájaros caminan sobre tu alma.
Tarde de Noviembre.
Guardo tu fotografía
Cuando te ahogaste en la playa de enfrente
Vivía todavía la OÑUCHA
-La que me correteo por no saber las tres Ave Marías-
Tuviste una hija en ella a la que le adorabas
Y le construiste un templo en tu pecho.
Ahora que la tarde viene a marchitarse sobre tu sepulcro
Una grotesca sombra me crece
Como deshecho de pequeños individuos mal habitados.
“El recuerdo viene como una catástrofe
Alienante y pendenciero”
Verde y pálido como la coca que shacshabas por las noches
Cantando un huayno ancashino.
Y era tu misma soledad la que se ahogaba en tus ojos,
El mismo cielo castaño de tu cuarto.

III
Hablabas con los niños mientras barrías los parques
(Esto me lo confirmó tu propia nieta)
Las veredas inmóviles /
Transitado por perros y multitudes que no comprenden
Porque fuiste un basurero.
“Paz a los hombres de buena voluntad”
Como una disecada flor en el pecho tengo tu miseria.
Tu reino de locura que me ilumina desde una piedra inclinada y
Escarchada
Por el color del tiempo.
Como luna de medianoche arrojándome su belleza hasta la mitad
De mi frente.
Te reconstruyes cada día en nuestro recuerdo
Como insobornable luz que picotea rostros oscuros
Y maltrechos por el hambre.

Niños y aves te recuerdan
Como una pequeña enfermedad partido en dos,
Como la mejor canción de un circo.

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